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17/09/18
Cuando emprendemos una aventura nueva, lo que más deseamos es que todo vaya bien. Empezamos con mucha ilusión y nos empeñamos en lograr que las cosas funcionen. Pero no siempre es así. A veces, por mucha ilusión y esfuerzo que pongamos, las cosas no salen bien. A veces la vida “nos obliga” a reconstruir los pedazos rotos y empezar de cero. Puede ocurrirnos en cualquier ámbito, desde las relaciones de pareja hasta el trabajo. En realidad, cada vez que nos embarcamos en un nuevo proyecto existe el riesgo de que no llegue a buen puerto, cada decisión que tomamos encierra tanto el germen del éxito como del “fracaso”. Cuando nos hemos esforzado mucho o hemos puesto mucha ilusión en un proyecto y este fracasa, la perspectiva de empezar de cero puede ser aterradora. En esos casos, es habitual que el miedo nos paralice. Si no somos capaces de superar ese temor, nos quedaremos atrapados en el pasado, dando vueltas en un círculo circunscrito por la desesperanza y la frustración.
15/09/18
Las crisis de matrimonio pueden dar paso a estas dos situaciones, que suelen ser confundidas. Dicen que el amor es una la fuerza que mueve el mundo. Y lo cierto es que se trata de una de las emociones más poderosas, capaz de hacer que unamos nuestra vida y nuestro camino a los de otra persona. Pero, sin embargo, a veces el amor también se acaba. Es posible que una pareja no pueda resolver incompatibilidades de carácter o metas vitales, que se produzcan infidelidades y estas no puedan ser perdonadas o, simplemente, que la llama del amor que unía a la pareja acabe por extinguirse o transformarse en algo totalmente distinto a lo que nuestra pareja nos hacía sentir. En muchos de estos casos los componentes de la pareja pueden decidir que lo mejor podría ser romper la relación o dejarla reposar un tiempo, para o bien reflexionar o bien retomar el propio camino en solitario. Esta ruptura puede tomar muchos nombres, siendo los más conocidos los de separación o divorcio. Pero aunque en ocasiones se habla indistintamente de ellos, lo cierto es que estamos ante dos términos que no son sinónimos. A lo largo de este artículo vamos a hacer una breve definición de cada uno de ellos y a ver las diferencias entre separación y divorcio.
09/09/18
El cometido del mediador es ayudar a la pareja a comunicarse adecuadamente. La vuelta de las vacaciones puede ser un momento duro para algunas parejas. Las estadísticas del Consejo General del Poder Judicial demuestran que, en España, en el cuarto trimestre del año aumentan las rupturas. En las vacaciones se convive durante más tiempo sin las distracciones del día a día. Esto pone en evidencia los problemas de fondo que la relación puede estar arrastrando durante todo el año. Si ha vuelto decepcionado de sus vacaciones y se plantea la continuidad o no de su relación, le sugerimos que, antes de tomar una decisión que conviene meditar, acuda a un mediador. Es un profesional que le acompaña en la gestión de los conflictos. Su cometido es ayudar a la pareja a comunicarse adecuadamente, cambiar la percepción del problema y conducirles hacia el acuerdo. No actúa ni como psicólogo ni como abogado, pretende escuchar a las dos partes y facilitarles el diálogo. Lo hace desde la neutralidad, sin tomar partido por ninguno de los dos; tampoco les dice cuál es la solución de su conflicto, sino que les apoya y acompaña para que, entre otras cosas, localicen lo que John Galtung, considerado el padre de la investigación académica sobre la paz, denomina el conflicto subyacente. Sólo así podrán alcanzar acuerdos y, lo que es muy importante, comprometerse con ellos.