• Aprende a escuchar.
  • Aprende a hacer cumplidos.
  • Pregunta y comparte experiencias, sentimientos y opiniones desde la asertividad.
  • No juzgues lo que te digan.
  • Cuida tu lenguaje corporal para mostrar interés.

No olvidemos a la autoestima

Además de lo anterior, para saber rodearse bien y elegir conscientemente nuestro círculo social primero hay que aprender a estar feliz con uno mismo. Si no piensas en ti y te respetas, difícilmente podrás construir relaciones sanas, porque estarás buscando en otros eso que a ti te falta de una forma poco adaptativa. Cuando, por el contrario, sabes que tu felicidad no depende de otros, te vuelves más consciente de cuales son las relaciones que te aportan y cuales no y desarrollarás la capacidad para elegir mejor el ambiente del cual te nutres.

Por ello, deberás aprender a ganar confianza en ti mismo y en las decisiones que tomes, a aceptarte tal como eres y, cuando haya algo que quieras cambiar, trabajar en tu propio desarrollo personal desde el respeto. En definitiva, tendrás que aprender a quererte. Tu autoestima, fuerza interior y alegría serán unas buenas aliadas para ser una persona más atractiva y tendrás más facilidad de acercarte a quien te propongas.

En mayor o menor medida, nos guste más o menos, que las personas nos influencian es un hecho, ya sea de manera positiva o negativa. Somos seres sociales, y como tales, aprendemos por aprendizaje vicario (u observacional), es decir, aprendemos observando lo que hacen los demás; y lo hacemos desde pequeños. El proceso cognitivo que entra en juego es la proyección de uno mismo sobre las acciones del otro.

No dejes que el azar decida por ti el círculo social del que te rodeas. Sé tú el responsable de elegir de quien te vas a nutrir y de quien no. Aléjate de las personas tóxicas que chupan tu energía y rodéate de aquellas que riegan y hacen crecer las semillas que tú vas sembrando. De personas que, incluso, siembran otras semillas en tu propio camino para que nuevos brotes crezcan.