5 claves que te ayudarán a ganar cualquier discusión

19/12/17

Una discusión se caracteriza por un diálogo donde hay discrepancias, diferencia de opiniones y la clara necesidad de imponer una verdad sobre los argumentos de la otra persona.

A pesar de que nadie nos haya enseñado nunca cómo se discute de forma saludable con el fin de llegar a un acuerdo mutuo, existen una serie de factores clave que pueden ayudarnos.

Algo que debemos entender, en primer lugar, es que el principal enemigo de una discusión sintamos incomodidad, enojo, frustración o incluso rabia. 

Controlar estas emociones nos ofrecerá esa adecuada calma mental con la que disponer de una mayor efectividad a la hora de argumentar y salir triunfantes en cualquier discusión.

Te proponemos descubrir 5 claves fáciles con las que conseguirlo.

1. No ataques: discutir es también escuchar y tener presente al otro


Una discusión no se gana atacando. Se gana con buenas argumentaciones y con el carisma de alguien que se siente seguro de sí mismo para influenciar a la otra persona guiándola hacia un buen acuerdo.

  • Es necesario que entendamos, en primer lugar, que los ataques, desprecios, gritos y acusaciones no sirven de nada en una discusión.

Más aún las intesifican hasta llegar a un punto de no retorno. No son útiles.

  • A pesar de que este tipo de diálogos intensos partan de un desacuerdo o de algo que nos molesta o nos hace daño, es importante que no lo convirtamos en algo personal.
  • Intenta mantener la mente fría, el corazón templado y la voz firme .
  • Nunca dejes de tener en cuenta a la persona que tienes en frente. Si las emociones negativas te controlan dejarás de escuchar, y si no escuchas, no ofrecerás argumentos lógicos ni válidos.

    2. En  una discusión, en lugar de un “por qué”, haz uso del “cómo”


    Puede parecer una tontería pero, cuando estamos en medio de una discusión, hay determinadas palabras que pueden ayudarnos a “descolocar” a la otra persona al obligarle a tomar conciencia de algo con mayor profundidad.

    Pongamos un ejemplo. Pensemos que estamos en medio de una discusión con nuestra pareja y le decimos lo siguiente:

    • ¿Por qué me dejas de lado cuando tomas una decisión? ¿Por qué lo has hecho sin decirme nada?
    • Lo más común es que, ante este tipo de preguntas, la otra pareja emita respuestas clásicas que tal vez tenga en cuenta?

    3. No pienses en “tener razón”. Piensa en llegar a un acuerdo común


    La finalidad de una discusión no es introducir a la fuerza nuestra verdaden la mente de la otra persona. Lo que buscamos es lo siguiente:

    • Que la otra persona tome conciencia de nuestro punto de vista.
    • No queremos empeorar más la situación.
    • Salir ambos fortalecidos tras haber llegado a un acuerdo.
    • 4. Controla el tono de tu voz, sé asertivo y evita las muletillas
    • Frases como “no me entiendes”, “no sabes lo que te quiero decir” o incluso iniciar nuestras frases con la palabra “no” supone ya poner un muro en la fluencia del diálogo.
    • Y es que ya imponemos una emocionalidad negativa en la conversación.
    • Habla con asertividad, sé firme pero empático hacia la otra persona.
    • En lugar de iniciar la frases con la palabra no, es conveniente que digamos un “sé lo que quieres decirme y te entiendo”.
    • Procura que el tono de tu voz sea relajado, sin perder la calma y mostrándote siempre cercano y amable.
    • A pesar de que no debemos descuidar el aspecto emocional en ningún momento, es recomendable también hacer uso de la lógica.
    • Lo más común es que, en algún momento, la otra persona deje caer algún argumento que carece de lógica. Estáte atento para detectarlo y hacerle ver su error.
    • 5. Argumenta y aporta ideas que despierten la empatía de la otra persona

      Uno de los problemas más comunes que solemos tener a la hora de mantener una discusión es que no sabemos argumentar.

      • Se nos acumulan las ideas, las emociones y los pensamientos en la mente pero no logramos poner un orden claro para poder debatir con asertividad, calma y acierto.
      • Debemos aprender a organizar nuestras ideas para exponerlas de forma clara, concisa y segura.
      • A su vez, otra propuesta muy adecuada es introducir frases que despierten “obligatoriamente” la empatía de la otra persona.
      • Estos serían unos sencillos ejemplos:

        • “Tú me entiendes, tú sabes lo que quiero decir”.
        • “Eres una persona inteligente y sabes entender mi posición”

        Para concluir, aprender a discutir de forma sabia requiere tiempo y adecuadas habilidades de Inteligencia Emocional.

        Hacerlo con calma, respeto y con buenas argumentaciones nos ayudará a salir victoriosos con un acuerdo para ambas partes.